¿Te imaginas dónde estarías ahora si te hubieras rendido la primera vez que intentaste andar y acabaste sentado en el suelo?
El DRAE define mentalidad como “Modo de pensar o configuración mental de una persona. Conjunto de opiniones y representaciones mentales propio de una colectividad” Se trata, por lo tanto, del conjunto de creencias y disposiciones mentales que determinan nuestra forma de pensar, nuestro modo ver y hacer juicios sobre la realidad y nuestra manera de comportarnos y actuar ante las situaciones de la vida. Es una actitud mental que determina las respuestas internas y externas que vamos dando ante todo lo que nos ocurre.
Así pues, entendemos la mentalidad como el conjunto de creencias que tenemos acerca del funcionamiento del mundo y de nosotros mismos. Basándonos en ello, disponemos nuestro comportamiento. Es decir, lo que creemos como cierto nos lleva a actuar de una forma determinada y, por lo tanto, determina nuestros resultados.
Parece obvio que nuestra mentalidad, es decir, nuestro modo de pensar y nuestra configuración mental, va a determinar cómo actuamos en la vida.
Visto esto podemos afirmar que cada mentalidad es única. Si bien, a nivel psicológico, se han clasificado algunos tipos de mentalidad más o menos delimitados.
La catedrática Carol S. Dweck, profesora de la Universidad de Stanford desde 2004, ha realizado múltiples investigaciones sobre motivación, personalidad y desarrollo. Podemos decir que una de sus contribuciones a la psicología social podemos encontrarla en su obra “Mindset: The New Psychology of success”. Según Dweck, las personas pueden ser colocadas en un continuo de acuerdo con sus puntos de vista implícitos de donde viene la habilidad. Algunas creen que su éxito se basa en la capacidad innata; consideran, consciente o inconscientemente, que la inteligencia es inamovible. Piensan que cada uno nacemos con un grado de intelecto, con unos talentos o unas cualidades estables e imposibles de modificar. Se dice que estos tienen una teoría “fija” de la inteligencia (mentalidad fija). Otras, que creen que su éxito se basa en el trabajo duro, el aprendizaje, la formación y la tenacidad, se dice que tienen un “crecimiento” o una teoría “incremental” de la inteligencia (mentalidad de crecimiento).
“Caerse está permitido, levantarse es obligatorio”.
Proverbio ruso
En un entorno tan cambiante como el que vivimos en la actualidad, es imprescindible tener la Mentalidad y la Actitud adecuadas, alineadas con lo que deseamos y queremos, para alcanzar el éxito.
A veces vamos por la vida en automático, haciendo sin pensar, sin tomar conciencia de lo que hacemos ni hacia dónde nos dirigimos. Aprovechemos que estamos siendo conscientes de ello para tomar consciencia de todo lo que hacemos, como si no tuviéramos ningún tipo de control sobre nuestras vidas y tomemos las riendas de nuestra vida de una vez.
La Actitud es lo que hacemos con nuestro cuerpo: la postura, la forma de caminar, de mirar, de respirar,… No es algo ajeno a nosotras, es algo que podemos cambiar a nuestra voluntad (si queremos, claro).
La Mentalidad está relacionada con aquello que pensamos, lo que hablamos, las palabras, el enfoque que damos a las cosas y vivencias, a qué prestamos atención, cómo nos expresamos…
Cuando vivimos en automático, solemos necesitar la Motivación para ponernos en marcha. Pero la motivación es engañosa: te da un chute de energía que se termina rápido. No hay continuidad con la motivación. Por eso los eventos motivacionales pueden ser un poco peligrosos, te suben a un estado de energía elevado, donde crees
que puedes con todo lo que te propongas (y eso es cierto) pero no te enseñan a mantenerte en acción cuando la motivación se esfuma.
Para conseguir lo que queremos y ansiamos, necesitamos Motivación para empezar y Compromiso para mantenernos en acción.
A todos nos gustaría que nuestra vida fuese un camino de rosas, que todo nos resultase sencillo y que pudiésemos conseguir todos nuestros objetivos a la primera. Por desgracia, sabemos que esto no es así, que la vida está llena de problemas y dificultades y que, cuando intentamos algo, lo normal es que tengamos una dosis de fracaso. Todas las cosas importantes de la vida se aprenden a través del ensayo y el error, desde comenzar a andar, hablar, leer y escribir…
¿Te imaginas dónde estarías ahora si te hubieras rendido la primera vez que intentaste andar y acabaste sentado en el suelo? Ni te lo planteas, ¿verdad? Porque cuando somos pequeños, no tenemos la cabeza ocupada con pensamientos como “Voy a fracasar de nuevo” o “Nunca lo conseguiré”. Así tendríamos que seguir cuando vamos creciendo. Tenemos que olvidarnos de esos pensamientos que nos llevan a rendirnos y, pase lo que pase, te caigas las veces que te caigas, debes levantarte y volver a intentarlo. Ese es el secreto del éxito: No rendirse jamás. No te canses nunca de estar empezando siempre. Para mí ha sido fundamental estar alineada con esta idea. Ni te imaginas la de veces que he tenido la sensación de empezar una y otra vez, algo que parecía no llegar a concluirse. Pero… aquí estamos y con más fuerza y ganas que nunca.
